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Caminata a la catarata de Gocta – Galeria de fotos: Amazonas

Suena la alarma, me despierto, es de noche todavía, son las 5am. Tomamos un buen desayuno, guardamos unas frutas, unos huevos, bastante agua y salimos bien temprano por la trocha de casi 6kms que lleva a las faldas de la catarata de Gocta.

El camino es entre árboles, en zig-zag y con subidas y bajadas. Solo pienso en lo increíble que es caminar por este bosque, entre puras plantas respirando aire fresco y sudando en cantidades poco normales, escuchando los ruidos de las aves, tratando de descifrar dónde está el que hizo ese ruido supersónico, casi espacial. No lo encuentro. Entre más caminamos la trocha va poniéndose más estrecha y los arboles más húmedos, llenos de moho verde intenso, parecen un bosque encantado de un libro para niños. De vez en cuando llegamos a algún punto donde los árboles se dejan de abrazar y permiten ver la inmensa catarata a la que vamos llegando poco a poco. Paro para respirar, veo las hojas que se han caído de los árboles en el piso. Son de color amarillo, naranja y rojo, según el tiempo que llevan desprendidas del árbol.

Sigo caminando, se que falta poco porque el ruido del agua va incrementando. Luego de la ultima subida llego a ver la verdadera magnitud de esta catarata. Me acerco a la laguna donde cae el agua para sentir mejor la fuerza. Es impresionante estar parado debajo de este inmenso precipicio y sentir las chispas de agua cayendo, el viento soplando en todas las direcciones agitado por la masa de agua. Me puse mi ropa de baño y me metí por las piedras más filudas que he pisado, esculpidas por el agua. El sonido se pone muy fuerte y el agua sobre mi espalda duele más con cada paso que doy hacia la catarata. Que adrenalina estar ahí. Entre el frío y las gotas de agua cayendo a más de 500 mts de altura soy invitado a retirarme y nadar de regreso por la laguna hasta el otro lado.

Me quito la ropa mojada, intento cubrirme del viento que genera el choque del agua en las piedras. Todo cambia, todo cambia cada minuto, cada segundo. El chorro de agua se mueve, cae con mayor fuerza cada cierto tiempo, las nubes se pasan y el sol llega con fuerza a calentarnos, luego llegan otras nubes y todo oscurece de nuevo.

Pienso en que existe un primer motor que impulsa las mareas, que de rato en rato se enfurece e intenta hablar a través de las corrientes. Pienso que soy un ser privilegiado. Pienso en la perfección del lugar, la armonía innata que evidencia. Pienso que existen millones de lugares así en la tierra, pienso lo mucho que me falta conocer y lo mucho más que no conoceré. Agradezco por estar ahí. Agradezco por ser parte de todo eso. Pienso en la gravedad, todos los cuerpos tienen gravedad… mientras más grandes, más gravedad; y la gravedad atrae otros cuerpos. La tierra atrae a la luna. Y ellos a su vez, son atraídos por el sol. Existen otros planetas que el sol atrae y todos ellos conforman el sistema solar. Y ese sistema esta dentro de la vía láctea… una de las infinitas galaxias que hay en el universo, en el caos. Pienso en lo enano que soy ante la inmensidad de la catarata.

Agradezco nuevamente por tener el privilegio de ser testigo de la vida. Contemplo los pájaros que vuelan sobre mi, parece que no tienen un destino, solo están disfrutando la tarde. Contemplo los arboles, la quietud que los caracteriza, contemplo las piedras enormes, me imagino que deben haber sido de otra forma y que el agua las ha esculpido. Pienso en el tiempo y cuan importante es. Y todo está ahí, tan perfecto y armónico… Después de quedarnos observando por horas el agua caer como en cámara lenta decidimos que ya es hora de regresar.

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