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Road Trip: Lima – Cuzco

Hace algunas semanas, junto al gran equipo de Columbia – Colectivo Intu, emprendimos una nueva aventura de Lima a Cuzco por carretera. La idea era aprovechar y parar en diferentes puntos de la ruta a disfrutar del camino. Así que planearon algunas paradas donde podríamos ver los distintos escenarios que nos regala el Perú.

El primer destino fue Paracas. Nos juntamos por la mañana en Barranco, cargamos los carros y emprendimos el viaje por la carretera Panamericana Sur. No sin antes parar en los increíbles panes artesanales hechos en horno de barro cerca de Pucusana. Llegamos a Paracas, almorzamos rico, disfrutamos de una tarde tranquila y a dormir temprano! Nos esperaban unos días de mucho movimiento.

El miércoles nos despertamos tempranito para ir a kayakear por la hermosa bahía. Las aves volaban al ras del mar, el azul del cielo y el mar se juntaban para regalarnos un panorama increíble. El sol iba apareciendo y todo el grupo disfrutando del mar felices de la vida. Remamos hacia una playita donde decidimos parar y disfrutar de ella. La travesía terminó con unas inolvidables conchas a la parmesana, ceviche y un taipá de arroz con conchas increíble. Fue un excelente día!

En la tarde seguimos nuestra ruta a Nazca cruzando la Reserva Nacional de Paracas. Así que seguimos el camino a través del increíble desierto que nos mostró la belleza del simple e infinito espacio formado por miles de dunas de diferentes formas y texturas. Escenarios que no olvidaré.
Llegamos a Nazca por la noche. Una pizza artesanal, una ducha caliente y a dormir!
Al día siguiente nos dirigimos a Pampachiri, un pueblo ubicado en el departamento de Apurimac. El camino es muy imponente, vas en subida rodeado de cerros enormes. Llegamos al pueblo en el que tomamos un desvío que nos llevaría a Pancula, el bosque de piedras. Conforme íbamos entrando, las piedras tomaban unas formas muy peculiares, en forma de cono. Nos preguntábamos cómo se formarían, cuántos años habrán pasado para que sean así.
Armamos el campamento y esperamos la noche con una deliciosa parrilla. Salió la luna y fue alumbrando este bosque de piedras poco a poco de una manera que alucinante, formando sombras raras por con los conos. Fue una noche de muchas estrellas, algunas fugaces, fuego, comida, y amigos. Conversábamos que no necesitábamos más, todos estábamos muy felices.

Al día siguiente nos despertamos y nos adentramos al bosque. Habían piedras muy grandes puestas encima de algunos conos, esculturas naturales increíbles. Otras se cortaban a la mitad, como si alguien con una enorme sierra hubiese hecho el trabajo. Era perfecto. Fue una caminata muy satisfactoria, cuevas, piedras, diferentes caminos por todos lados entre estas enormes piedras. Me hubiese gustado seguir caminando pero el viaje seguía.
Antes de salir del pueblo, paramos en «La Casa de los Pitufos». Una familia que había aprovechado la piedra en forma de cono, haciéndole un hueco al medio para vivir dentro de ellas. Eran dueños de una enorme área y gran parte del bosque, era su casa! Nos contó que todo lo que necesitaba se lo daba la tierra, no necesitaban de nada mas.

Seguimos la ruta por la carretera y nos ganamos con un atardecer increíble, lleno de tonalidades intensas de rojo, naranja y amarillo que se cruzaban con nubes moradas de lluvia. Después nos encontramos un lindo arcoíris que duro por unos minutos hasta que una tormenta eléctrica se apropió del panorama e hizo un espectáculo de locos para terminar el día.
Ese día dormimos en un hotelito en las afueras de Cuzco.

A la mañana siguiente nos dirigimos a Ollantaytambo para tomar el tren y dormir en Aguas Calientes. Una buena ducha, una rica comida y a dormir! Nuestra travesía terminó en el magnifico Machu Picchu. ¿Qué más podríamos pedir? Hicimos una caminata a la cima de la montaña Machu Picchu. Un camino de unas dos a tres horas muy gratificante que te da otra perspectiva desde más alto para ver toda la ciudadela Inca.

Con eso terminamos nuestro viaje con broche de oro. Fueron seis días de puras experiencias increíbles. Seis días de contemplación a la Madre Naturaleza y de exigencia al cuerpo para recordarle lo hermoso que es vivir y movernos! Seis días en buena compañía.

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